Método 1 : Consolida tu determinación de dejarla
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Establece las razones por las que dejarás de tomar gaseosa. Existen diversas razones y cualquiera de ellas puede hacer que vivir sin gaseosas sea una opción atractiva:
- Reduce el consumo de cafeína
- Reduce el consumo de azúcar
- Evita el jarabe de maíz con alto contenido de fructosa
- Limita la carbonatación
- Limita los edulcorantes artificiales
- Reduce el consumo de ácido, el ácido fosfórico presente en las gaseosas más oscuras es perjudicial para la salud de los huesos y ablandan el esmalte dental.
- Ahorras dinero. Si sumas cuánto dinero gastas en gaseosas durante un mes, podrías tener suficiente para un fondo de jubilación.
Método 2 : Encuentra sustitutos
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Súrtete de sustitutos. El agua es el reemplazo más saludable y barato de la gaseosa; sin embargo, el síndrome de abstinencia por dejarla y el gran cambio a tomar agua puede significar predisponerte para el fracaso. La mejor forma de renunciar a cualquier tipo de adicción es dejarla poco a poco, pero revisa los números. Algunos jugos de fruta tienen más calorías y son más costosos que la gaseosa, lo que puede frustrar las metas que acabas de fijar. A continuación, algunos sustitutos de la gaseosa recomendados:
- Agua saborizada
- Jugo
- Agua con gas o agua mineral con gas
- Jugos con agua mineral (jugos carbonatados)
- Bebidas para deportistas
- Té helado (por ejemplo, té verde helado) o té
- Agua mentolada con limón
- Alternativas a la leche (soya, almendra, avellana, cáñamo, avena, arroz, etc.)
- Agua con stevia (edulcorante sin calorías)
Método 3 : Permanece al tanto de reducir tu consumo de gaseosa
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Controla tu consumo de gaseosa. Calcula la cantidad de gaseosa que tomes a la semana con la mayor precisión posible (esto es muy importante para el siguiente paso). ¿Tomas gaseosa cuando almuerzas en el trabajo, entre clase y clase, mientras te relajas frente a la televisión? Calcula la cantidad de calorías que acumules solo por tomar gaseosa. Para tener una idea de cómo el gas podría afectar tu peso, calcula la cantidad de calorías que deberías consumir por día y mira la cantidad que consumas por la gaseosa. Para muchas personas, esta es una observación poderosa que podría darte la motivación que necesites para cambiar este hábito.
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Desarrolla un programa para dejarla. Sin importar la cantidad de gaseosa que tomes a la semana, reduce la cantidad al 25% por una semana, después al 50% en la siguiente y así sucesivamente.
- Poco a poco aumenta el consumo de los sustitutos que elijas.
- Asegúrate de seguir consumiendo la misma cantidad de líquido (sino
más); de lo contrario, podrías deshidratarte, lo que dificultaría aún
más dejar la gaseosa.
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Compra cada vez menos gaseosa a la semana. Si tomas mucha gaseosa en casa, esto será más fácil de hacer. Si no compras gaseosa, no sentirás el impulso de tomarla cuando la tengas en casa.
- Si tomas mucha gaseosa de las máquinas expendedoras, no lleves muchas monedas contigo. Si llevas muchas monedas, podría ser el momento de que empieces a pagar otros artículos con estas para no sentir la necesidad de gastar ese dinero en las máquinas de gaseosa.
- Si alguien que vive contigo adora tomar gaseosa, pídele que la esconda para que no la tomes. Esto puede parecer un poco extraño, pero al final valdrá la pena.
- Empieza a comprar latas de gaseosa de 237 ml (8 oz) en vez de latas de 355 ml (12 oz). Puedes hacerlo con facilidad al reducir tu consumo de gaseosa al 33%. También, evita comprar botellas grandes de 2 a 3 l, ya que solo son invitaciones permanentes a tomar más gaseosa de lo que deberías.
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Prepárate para abstenerte de cafeína. No subestimes el poder adictivo de la cafeína. Si casi todas las gaseosas que tomas contienen cafeína, puedes experimentar dolores de cabeza y otros síntomas de la abstinencia durante una semana, especialmente si reduces tu consumo de gaseosa de manera drástica. Igualmente, si dependes de la dosis de cafeína y de azúcar que te brinda la gaseosa para ayudarte a aguantar el día, es probable que te sientas más cansado mientras tu cuerpo se adapte a no tener "estimulantes" carbonatados.
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Adopta un enfoque gradual si es necesario. Si los síntomas son muy drásticos, cambia tu programa, de manera que abandones tu hábito de forma más gradual.
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Recuerda siempre tu objetivo para que sea más fácil recordarlo. Escribe una nota que diga algo así como "Toma agua" y pégala en un lugar donde la puedas ver. Evita las frases negativas como "No tomes gaseosa". Solo tienes que decirle a un niño de tres años que no haga algo para averiguar a qué se debe. La respuesta es que una frase que te indique no hacer algo implica algo de correcto en la oración. Tu cerebro no puede ayudar, pero ¡imagina hacer la mismo que trates de evitar!
- Otra forma muy efectiva de recordar que una botella de 591 ml (20 oz) equivale a 17 cucharaditas de puro azúcar es llenar botellas vacías con esa cantidad de azúcar y guardarlas en lugares en los que acostumbras tomar gaseosa (el refrigerador, en tu escritorio, etc.).
- Si generalmente tomas de la lata, averigua la cantidad de azúcar que
contiene cada lata, colócala en una bolsa hermética y ponla sobre una
lata vacía. Ver todo ese azúcar puede ser una lección para recordar lo
que realmente tratas de evitar.
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Calcula la cantidad de azúcar que contiene una botella o lata en particular, hazlo al mirar la etiqueta de información nutricional para saber cuántos gramos de azúcar hay por porción. Si tienes una balanza, pesa la cantidad de azúcar. También puedes recordar que hay 4 gramos de azúcar por cucharadita rasa. Repítelo con cada porción que haya en el recipiente (revisa la etiqueta) y verás cuánto azúcar consumes por cada botella o lata